domingo, 13 de diciembre de 2015

CaleidosCopiosis (Teatro)


Esta obra comienza antes de que los espectadores entren a la sala, porque una mujer nos espera dentro para comenzar a vivir (o actuar) para nosotros. Es una mujer que espera, pero no sólo al espectador, sino que transita una espera continua.  Mientras la vemos allí sentada, esperando, parece que el tiempo se detiene en su mirada; una mirada perdida en la nada, o en la búsqueda de reconocer en algún espectador la cara con la que sueña. Quizás espera la realización de un sueño, quizás la reinvindicación de un tiempo pasado, o tal vez la posibilidad de inventar alguno mejor, utilizando el recurso más efectivo que poseemos: la imaginación.

En el espacio escénico que nos proponen las directoras se puede observar un cuadro en el centro equidistante del escenario, suspendido en el aire, suspendido al igual que muchas de nuestras fantasías. En este cuadro vemos la figura de una mujer con un vestido blanco, y es difícil no prestarle nuestra atención. La mujer que esperaba se levanta de su asiento, juntando coraje, y se propone a barrer el suelo (tal vez así pueda limpiar algún recuerdo). Ella sale hacia otra habitación. Cuando vuelve a entrar, en el cuadro en el que estaba la mujer, ya no habrá mujer, sino sólo un fondo sin figura humana.

Caleidoscopiosis se propone jugar con la posibilidad de penetrar lo imposible, rompiendo las barreras que separan lo real y lo imaginario. Es un conjunto de imágenes que pueden ser reales, y efectivamente lo son; de vivencias que se potencian por el deseo de que ocurran; es un caleidoscopio donde todo se mezcla y se confunde, donde se borran los límites de lo imposible, y donde todo es tan fantástico como real.


La obra es una exploración por un oscuro purgatorio de dudas, donde dos extremos pujan con fuerza para arrastrar a Alelí (la mujer del cuadro) hacia dos lados aparentemente contrapuestos: ser alguien en la vida, o ser una Nadie. La señora que esperaba intenta educar a Alelí con cultura general, con un conocimiento supuestamente necesario para la vida y para poder progresar y ser una persona respetable en la sociedad. Sin embargo, ella se encuentra atraída por otra posibilidad que la apasiona: la posibilidad de ser Nadie.

La Nada se personifica en un personaje con cuerpo de actriz y con una férrea convicción de que ser Nadie es apasionante. Nadie le muestra a Alelí las maravillas de la libertad absoluta, las posibilidades infinitas de la realización de la propia mismidad, y el maravilloso camino misterioso que va hacia dentro, hacia el conocimiento de uno mismo, que nos lleva a descubrir que en realidad todos somos parte de una misma alma. Sólo vemos apariencias, sólo vemos un velo, una cortina de mentiras metafísicas. Tenemos que aprender a correrlo para poder percibir la verdadera realidad: la Unidad absoluta.


Ficha técnica

Actrices: Marta Blanco, Geraldina Gignoli, Julia Valentinelli.


Directoras: Carim Dip, Dinorah Glikstein.

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