Un solo actor recorre la historia argentina de los últimos 100 años prestando su cuerpo a seis personajes que representan diversas etapas. Atravesando diferentes períodos, los hechos se suceden a medida que los van comentando cada uno de los personajes. Cada uno de ellos habla desde su propia perspectiva -e ideología-. El espectador, de una u otra manera, logra establecer diálogo con aquellos que quedaron (aparentemente) sepultados en nuestra memoria colectiva.
Un inmigrante italiano que solicita que lo dejen votar; un
oligarca, de bata y pantuflas, que organiza la política del país a través de
golpes de Estado; un obrero peronista que vio nacer y decaer el su partido,
pasando por la muerte de Eva y el exilio de Perón; un militar que conduce el
país mientras Perón está exiliado; un militante que festeja la victoria de
Cámpora en el '73, pero no por mucho tiempo; y un desaparecido durante la etapa sangrienta de la última dictadura, son los relatores escogidos para darle vida a la reflexión
sobre nuestro pasado colectivo.
Argentina sufrió seis golpes de Estado en un siglo. En los
tiempos en los que nacía nuestra independencia se dieron grandes luchas por
obtener la soberanía sobre nuestro territorio, para poder tomar las decisiones por
nosotros mismos, organizados en la gran comunidad que abarca la tierra que
pisamos. Se declaró una constitución para ser respetada. Pero la sucesión del
tiempo y las grandes ambiciones pisotearon seis veces (y más) aquellos
principios, nuestros derechos primordiales.
Cada uno de los seis personajes posee una cámara para
fotografiar a presidentes, políticos y militares; y también para retratar
distintas realidades, provocadas por esas caras oscurecidas por la historia. El
espectador cuenta con un apoyo audiovisual (se proyectan imágenes y videos en
una pantalla al fondo del escenario) que ayuda a tener presentes quiénes fueron
los que construyeron la historia del país, a golpes y sufragios. El recurso se
vuelve necesario por la cantidad de apellidos que fueron parte de nuestro
pasado. Algunos son harto recordados hoy en día, pero otros se escondieron en
algún rincón del tiempo. Esta obra nos muestra que todos han sido
imprescindibles -en mayor o menor medida- en el curso de los hechos que nos
marcaron como país.
Tener presente nuestro pasado permite que tengamos conciencia.
Esto resulta necesario para no volver a cometer (conscientemente) los mismos
errores. Uno decide ser optimista y creer en la bondad de quienes nos gobiernan
y en su altruismo desinteresado. Pero la historia nos muestra que la ciega
confianza no siempre pone a la cabeza a hombres sinceros. La historia también
muestra que, como dicen los Molotov:
si le das más poder al poder, más duro te van a venir a… golpear (por no
utilizar sus palabras exactas).
Diego Bollero es el actor que interpreta a los seis
personajes y quien encuentra rasgos particulares en cada uno de ellos,
sosteniendo la atención del espectador. El dramaturgo y director es Carlos
Romagnoli, quien además construyó la escenografía y se encarga de la proyección
de las imágenes y los videos que apoyan los hechos que se narran.
Argentina de golpe
es una revisión histórica de la cual se puede extraer la respuesta a las
preguntas quiénes somos, de dónde venimos, y tal vez hacia dónde nos estamos
dirigiendo. La obra es una contundente reflexión sobre nosotros mismos y lo que
tenemos dentro de la memoria. Argentina
de golpe busca limpiar al futuro del polvo del pasado para que nuestra
bandera pueda flamear a lo alto de algún mástil, y para que podamos mirarla con
la frente erguida y una sonrisa en el rostro.








