domingo, 6 de diciembre de 2015

Alicita alucinógena (Teatro)


El teatro rosarino me ha vuelto a estremecer. La mayoría de las obras que he podido presenciar me han servido para sumar experiencias, tanto de vida como aprendizajes en este arte tan complejo que es el teatro. Sin embargo, sólo unas pocas me penetraron con esa fuerza tan irresistible capaz de hacer vibrar los átomos de los que estoy hecho, marcando un antes y un después en mi forma de entender el teatro -y la vida misma-. Esta es una de ellas.

Alicita alucinógena es el nombre de la producción de los estudiantes del último año de la carrera de Actuación de la Escuela Provincial de Teatro y Títeres; pero también es el nombre del producto artístico que conmocionó mis sentidos y que me secuestró de la sucesión temporal, convirtiendo mi percepción de la duración de la obra en un largo e intenso instante.

Tiempo atrás, Lewis Carrol transformó en palabras el universo de sus sueños (o pesadillas), narrando las aventuras de una niña llamada Alicia, quien se encuentra con un mundo donde reinan las maravillas y la extravagancia. Este grupo de artistas me invitó al mundo que ellos crearon para mí, para que yo viva mi propia aventura, tan onírica como real. Me encontré a mí mismo en un neuropsiquiátrico dudando de mi cordura, inducido a él por la fuerza de atracción que ejercían los cuerpos de los actores, cuerpos transformados, pero sobre todo totalmente entregados.

La obra tiene una estructura fragmentaria, donde los hechos no requieren una coherencia lógica ni lineal, y donde el tiempo sucesivo pierde importancia. Los actores (perdiendo su identidad acostumbrada), interpretan a personajes que se encuentran en el limbo más extraordinario: son la línea que separa a la niñez y a la locura. Tanto los niños como los locos entregan su alma en cada instante de su vida. No tienen nada que perder. Un actor en escena debe ser un niño loco, debe entregase al juego de la ficción que se convierte en realidad. Estos actores lo entendieron a la perfección.

Los espectáculos teatrales pueden ser analizados o interpretados teniendo en cuenta diferentes factores, como pueden ser la estética, el texto, las interpretaciones, la verosimilitud, y una infinidad de etcéteras. La palabra estética (aisthesis) significa percepción, sensibilidad. Los parámetros apolíneos de la racionalidad quedan por fuera cuando las sensaciones son tan potentes. Todo espectáculo es distinto, y considero que no se deben aplicar los mismos parámetros para todos. Alicita alucinógena logró conmoverme desde lo estético. Todos mis sentidos se vieron atraídos por la propuesta que presenciaba. El conjunto de actuaciones, escenografía y vestuarios, luces, y los otros elementos participantes, lograron conformar un todo envolvente, el cual penetró mi sensibilidad y logró estremecerme.

Luego de ver esta obra puedo decir que vivencié desde adentro lo que se siente al estar en un neuropsiquiátrico tan bizarro como mágico y tenebroso; puedo decir que desconfié de mi razón, que sentí perderme en los laberintos de la locura, dudando de la realidad que presenciaba, o sintiéndola más viva que nunca; y también decir que viví momentos sólo imaginables como pesadilla, una pesadilla hermosa que seguirá viviendo conmigo, una imagen que jamás podré -ni querré- borrar de mi memoria.

Ficha Técnica

Actúan: Franco Agüero, Raúl Apt, Samanta Barale, Germán Capomassi, Lucía Carlini, Jeniffer Murray, Rodrigo Osorio, María de los Ángeles Ramos Cavo, Marianela Rodriguez, Gabriela Soberchia, Victoria Vilardell.

Dirección y puesta en escena: Judith Ganón.

Autor: Creación colectiva.

Entrenamiento vocal: Beatriz Scabusso.
Escenografía: Judith Ganón y alumnos.
Vestuario y maquillaje: Ramiro Sorrequieta.
Diseño de luces: Diego Quillici.


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