martes, 8 de marzo de 2016

Ya estoy solo (Teatro)

No toda persona tiene la oportunidad de confesarse. Cuando un hecho del pasado devora la conciencia, se siente la impetuosa necesidad de que el dolor se disuelva en el aire al ser nombrado. Y estando solo en el mundo, las palabras mueren en un grito sin sonido, imperceptible. El ser humano tiene voz por su alma; y si el grito no sale, es porque el alma está corrompida.


 Los hechos de Ya estoy solo ocurren en la filmación una película basada en los acontecimientos del Nuevo Testamento, y en particular sobre la historia del mártir que llegó a la tierra para salvar a la humanidad. La mujer que desnuda la historia es la encargada  -ni más, ni menos- de servir el agua a todos, y a cada uno de los involucrados en el proceso de la película. Tarea no menor, ya que sin agua el ser humano se deshidrata, y sin ella puede morir.

El escenario es una jaula. La mujer está encerrada esperando su condena, apresada en una cárcel de hierro y de miradas. Es consciente de su condición, sabe que necesita redimirse. Tiene su oportunidad. Relata los hechos buscando que alguien la escuche, para poder purificarse, y así merecer la ascensión. Ella quiere ser el ángel. Cada espectador será juez, capaz de condenarla por su crimen, o de permitirle la salvación eterna, para que ella pueda sentarse a la derecha de quien la invitó a sufrir la tierra.


Ya estoy solo pretende hablar de la condición humana en general, sin hacer distinción de sexos. Aunque observemos a una mujer, su voz es la de todas las personas que han sucumbido ante la soledad. “La ira es la versión desaforada de la tristeza”, dice en un momento. A través del recurso de la confesión ella busca purificar su alma, impregnada de una tristeza insondable.

La desesperación se vuelve carne en el cuerpo de Elisabet Cunsolo, actriz que interpreta una profunda y desgarradora soledad, explotando su capacidad corporal y expresiva, y con su actuación despierta un estruendo de sensaciones que hacen del espectador un sujeto -ineludiblemente- comprometido con la historia. La directora, Paula García Jurado, logró el equilibrio necesario entre los excesos que respiran en el corazón del texto. La dramaturgia es de Romina Mazzadi Arro, y trasluce un estilo que evoca al movimiento alemán Sturm und Drang, movimiento literario que nacía cuando la Tempestad y el Ímpetu de los sentimientos marcaban el curso de la historia.


Ya estoy solo es la voz que -si no sale- pudre el alma. Es la moneda arrojada al aire, suspendida e inerte, que espera la caída. La mirada de ojos tristes que ruega compasión. La manifestación de una sensibilidad perturbada que desea contemplar algún amanecer. Ya estoy solo es una obra de teatro que explora las profundidades del alma humana, luego de ahogarse en el desasosiego y la soledad. 


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